Capítulo 3
¶3000 Las Escrituras afirman que el propósito de Dios para la humanidad, desde antes de la creación, era que nosotros “fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor (Efesios 1:4; 1 Timoteo 2:4). El propósito de Dios estaba lejos de quedar sin cumplimiento. Porque, antes de la creación, su propósito tuvo su realidad en la persona de su Hijo, Jesucristo (Efesios 1:4; 2 Timoteo 1:9). La vida, muerte y resurrección de Jesucristo son la declaración clara del origen, propósito y meta que él tenía para la humanidad. Porque él nos dio a “conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo – de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra” (Efesios 1:9-10).
El peregrinaje cristiano es parte de este plan, el cual fue preparado en Cristo. El peregrinaje cristiano solo es posible mediante el propósito eternal de Dios, la redención que él hizo por nosotros en Cristo, y la presencia viva de su Espíritu en nuestras vidas.
Por el plan de Dios, la meta del peregrinaje cristiano no es menos elevada que la obtención de la “unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:13). La meta del peregrinaje cristiano en esta vida es que nosotros crezcamos en la madurez hacia la semejanza de Cristo. Cuando entremos en la vida venidera, nuestra jornada será completa porque entonces seremos como Dios en un grado mayor de lo que ahora es posible: “... Aun no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es” (1 Juan 3:2).
Por consiguiente, nosotros como Metodistas Libres afirmamos con la palabra de Dios que la meta apropiada para nuestra vida cristiana es esta madurez como Cristo, misma que la Biblia describe como santidad y justicia (Mateo 5:6; 1 Pedro 1:16). Nosotros reconocemos que esto sólo es posible mediante la gracia que Él tan ricamente proporciona.
Contenido
¶3010 Este capítulo del Libro de Disciplina intenta describir algunos rasgos significativos del concepto Metodista Libre del peregrinaje cristiano. Procura promover en nuestras iglesias una comprensión del camino de salvación, el carácter cristiano, y las respuestas cristianas a problemas modernos. También contiene algunos recursos para el discipulado cristiano. Este capítulo tiene las siguientes secciones:
La primera sección describe el camino de salvación, incluyendo el proceso por el cual Dios, por medio de la actividad de su Espíritu, hace posible que los humanos pecadores entren en el peregrinaje cristiano y crezcan en la madurez de Cristo.
La segunda sección es una descripción del carácter cristiano genuino y las disciplinas espirituales que nutren y respaldan a la vida cristiana.
La tercera sección se relaciona con la respuesta cristiana a ciertos problemas urgentes y que son parte de la vida cristiana en el mundo moderno con relación a Dios, a uno mismo, y a otros.
La cuarta sección contiene recursos para las iglesias locales, para ayudarles a conducir a las personas en el proceso del discipulado hacia una madurez como la de Cristo.
¶3100 Esta sección sobre el camino de la salvación, describe la norma de la enseñanza Metodista Libre sobre la doctrina bíblica de la salvación. Estos párrafos son una elaboración de lo que se afirma en los Artículos de Religión – Salvación (véase ¶114-120).
Dichos párrafos representan nuestra comprensión de la enseñanza clara de la Escritura sobre el proceso por el cual Dios hace posible por la actividad de su Espíritu que los humanos pecadores puedan entrar en el peregrinaje cristiano y crezcan en la madurez de Cristo. El camino de salvación es el sendero que Dios ha puesto para que nosotros comencemos el peregrinaje cristiano y crezcamos en la fe.
El camino de salvación incluye la iniciativa de Dios, por su gracia, para salvación, despertamiento hacia Dios, arrepentimiento, fe, seguridad, consagración y santificación.
La Iniciativa de Dios por su gracia para Salvación
¶3110 En amor Dios ha provisto por gracia para la salvación de toda la humanidad. Dios es amor, Jesús, el eterno Hijo de Dios, fue enviado por el Padre como una expresión del amor de Dios al mundo, la cruz muestra la magnitud del amor de Jesús para todos. El amor de Dios además ha sido expresado al mundo por el ministerio del Espíritu Santo. Solo aquellos que respondan en arrepentimiento y fe pueden experimentar su gracia como una realidad redentora.
La vida cristiana puede ser experimentada conscientemente debido a que es una relación entre personas – el Dios personal y los humanos hechos a su semejanza. Cada persona es confrontada con este Dios personal, pero el resultado de esta confrontación se diferencia solo por la manera en que cada persona responde.
Dios trata con cada persona como libre y responsable. Por consiguiente, Él no solamente pone su gracia a la disposición, esperando por nuestra respuesta libre, pero también se revela y da a conocer su vida a todos los que ponen su fe en él. La relación redentora con Jesucristo se experimenta como un conocimiento de su amor y de su compañerismo.
Los que son justificados por fe experimentan la paz de Dios. Cuando su Santo Espíritu viene a los corazones, hay gozo. La presencia del Espíritu Santo habitando en nosotros testifica nuestra relación con Dios como sus hijos amados.
Despertamiento a Dios
¶3120 Las Escrituras enseñan que los humanos son corrompidos por naturaleza en todos los aspectos de su ser y se han alejado mucho de su justicia original. Además de la depravación común como consecuencia de la caída, existen los efectos esclavizantes de los pecados cometidos. Nosotros no podemos acudir a Dios por nosotros mismos, pero Dios en su gracia extiende su mano a cada pecador.
Dios toma la iniciativa haciendo a los pecadores conscientes de sus necesidades, usando su Palabra, la revelación por Jesucristo, la proclamación del evangelio por la iglesia, el testimonio de los individuos, y las circunstancias de la vida. Por tales medios, el Espíritu Santo despierta a los pecadores a su necesidad y a la verdad del evangelio (Juan 16:8,13). Ya despertados, ellos tienen que responder, ya sea rechazando el llamado de Dios o volviéndose a Dios en arrepentimiento y fe.
Arrepentimiento y
Restitución
¶3130 Despertados por el Espíritu Santo a su condición de perdición delante Dios, las personas pueden volverse hacia Él. Ya que “todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23), todos deben arrepentirse a fin de llegar a una correcta relación con Dios.
El arrepentimiento requiere un cambio de mentalidad sincero y completo. Arrepentirse es volverse del pecado con tristeza genuina y acudir a Dios en confesión y sumisión. La persona toda está involucrada: su mente, sentimientos y voluntad. El arrepentimiento es más que un lamento por las malas acciones o remordimiento por haber sido sorprendido. Es tristeza personal porque uno ha pecado contra Dios. El arrepentimiento demanda un abandono radical del pecado, y un sincero acercamiento a Dios.
El arrepentimiento sincero conduce a una renovación moral, a menudo evidenciada por la restitución – el esfuerzo de corregir las malas acciones cuando es posible. Los actos de restitución, como en el caso de Zaqueo, son ciertamente fruto del arrepentimiento (Lucas 3:8). Sin embargo, ni el arrepentimiento ni la restitución pueden salvar. La salvación es por la fe en Jesucristo (Romanos 5:1).
Confianza / Fe
¶3140 La confianza, también conocida como la fe, es una dependencia absoluta en Dios (2 Corintios 3:4-5; 1 Timoteo 4:10). La confianza incluye una total aceptación de las promesas de Dios, una completa dependencia en el sacrificio de Cristo para salvación, y una entrega incondicional a la voluntad de Dios. La gracia y las bendiciones de Dios se abren para aquellos que se vuelven a él con una confianza plena en su integridad, amor y poder.
Los cristianos experimentan el cuidado amoroso de Dios al confiar en él y seguirle (Efesios 3:12). Pero cuando se sienten que son suficientes por ellos mismos, se frustran al tratar de hacer lo que Dios quiere hacer por ellos. La autosuficiencia es inconsistente con la confianza perfecta (1 Timoteo 6:17).
Seguridad
¶3150 Dios da seguridad de salvación y paz de corazón a todos los que se arrepienten y ponen su fe en Cristo (Romanos 5:1). El Espíritu Santo da testimonio a sus propios espíritus de que sus pecados son perdonados y que han sido adoptados en la familia de Dios (Romanos 8:16).
Los cristianos tienen paz con Dios mediante Jesucristo porque la culpa ha sido quitada y el temor del juicio ha sido removido (Hebreos 6:11; 10:22). Dios continúa dando la seguridad a los creyentes por medio de las Escrituras, la presencia consciente del Espíritu Santo, y el amor por y la comunión con los demás cristianos (1 Juan 3:14).
Consagración
¶3160 Dios demanda que su pueblo sea apartado para su voluntad y propósito (Romanos 6:13; 12:1). Todo lo que sea así apartado se dice que es consagrado.
Todos los cristianos son llamados a
ser santos y sin mancha delante de Dios en amor (Efesios 5:27). Cristo demanda
que sus discípulos le sigan en mente y espíritu (Romanos 7:24-25). Si los
cristianos van a ser testigos efectivos en el mundo, se deben distinguir por su
justicia, paz, gozo, fe, esperanza y amor (Juan 13:35; 14:15; Gálatas 5:22-24).
Dios quiere un pueblo especial para su obra (Mateo 16:24; Romanos 14:17; 8:6-9;
Juan 17:17; Salmo 100:2). Cuando los cristianos sinceramente siguen a
Jesucristo y escuchan al Espíritu Santo a través de las Escrituras, deben
sentir esta necesidad de purificación del pecado interior. Deben desear
fervientemente ser llenos con el amor de Dios y anhelar una relación con Cristo
que satisfaga su más honda necesidad y los capacite para servir y obedecer al
Señor (Efesios 5:1-2,14; 1 Corintios 13:13; 14:1; Hechos 1:8).
Los cristianos, por consiguiente,
deben consagrarse a Dios y rendir su voluntad a la voluntad del padre celestial
(Mateo 19:21). Aquellos que desean la santificación interior deben negarse a sí
mismos, tomar la cruz, y seguir a Jesús. La devoción a uno mismo es idolatría.
Un cristiano que tiene dividida su lealtad no puede servir a Dios victoriosa y
constantemente. Cristo debe ser preeminente. Él debe ser el Señor de la vida
del cristiano.
Por tanto, a fin de abrirse a la
obra santificadora del Espíritu Santo, los creyentes deben darse a sí mismos
sin reservas a Dios. Deben rendir libremente todo a los propósitos de Dios y
dedicar cada deseo y ambición al servicio de Cristo en lugar del servicio a uno
mismo (Colosenses 3:8-13). Los cristianos no pueden ser librados del dominio
del pecado si permiten que su propio yo reine en sus vidas. Ellos no pueden
servir a dos señores (Mateo 6:24).
Santificación
¶3170 Cristo se dio a sí mismo “hasta la muerte” por la purificación de su iglesia (Efesios 5:25-27; Hebreos 13:12). Sus discípulos son llamados a ser santos (1 Pedro 1:15-16; 2 Corintios 7:1). Cristo, por medio de la expiación, hizo posible que los creyentes fuesen enteramente santificados (Hebreos 9:13-14; 10:8-10).
De acuerdo con esto, Pablo oró que “el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es él que os llama, el cual también lo hará” (1 Tesalonicenses 5:23-24). La santificación se inicia con la regeneración. Continúa a través de la vida del creyente, al colaborar éste con el Espíritu. Y una relación más profunda con Cristo se hace posible cuando el creyente es totalmente limpio en su corazón (Salmo 51:5:13; 1 Juan 1:5-2:1).
Dios el Espíritu Santo es el santificador (1 Tesalonicenses 4:7-8; 2 Tesalonicenses 2:13; 1 Pedro 1:2). Entrando en la vida en la conversión, él llena con su inigualable presencia cuando la consagración del cristiano es completa, limpiando el corazón y capacitando para el testimonio y el servicio (Juan 3:5; Romanos 8:9; Gálatas 3:3; Hechos 1:8). Él derrama el amor de Dios en todo el corazón y vida del cristiano (Romanos 5:5; 1 Juan 4:12-13).
Al aceptar la promesa de Dios por fe, los creyentes entran en una relación más profunda con Cristo (2 Corintios 7:1; Gálatas 2:20; Romanos 8:14-17; Gálatas 4:6-7). Ellos serán capacitados para amar a Dios con todo su corazón, alma, fuerzas y mente, y a su prójimo como a ellos mismos (Mateo 22:37-40; Gálatas 5:25-26). Ellos podrán conocer una entrega interior a toda la voluntad de Dios, y sus vidas serán transformadas del conflicto interno con el pecado a una obediencia gozosa (Romanos 12:1-2; Gálatas 5:16-25).
La santificación interior limpia a los cristianos de pecado y los libra de la idolatría del yo (1 Pedro 3:2-3; 1 Corintios 3:16-17; 6:15-20). Cuando ellos son limpiados, no significa que sean perfectos en sus hechos, pero sí en su amor (Hebreos 6:1; 12:14; Mateo 5:43-48; 1 Juan 4:12-13).
¶3200 Esta sección describe cómo el carácter cristiano genuino puede crecer. Esta declaración tiene sus raíces en las Escrituras y en las descripciones clásicas de la vida cristiana que han sido escritas a través de los siglos. Juan Wesley, el fundador del Metodismo, escribió descripciones parecidas tales como A Plain Account of Genuine Christianity (Una Clara Descripción del Cristianismo Genuino) y The Caracter of a Methodist (El Carácter de un Metodista). El carácter cristiano comienza con la vida en el Espíritu, y se nutre con las disciplinas espirituales de la vida cristiana.
Los cristianos tienen una nueva relación con Dios y una nueva vida en Cristo por el poder del Espíritu Santo. En los nuevos cristianos, el gozo de esta nueva vida en Cristo podría oscurecer por un tiempo la necesidad de crecer en Cristo. Las personas que han sido cristianas por algún tiempo pueden volverse complacientes. Por tanto, cada cristiano debe finalmente escoger entre crecer o declinar.
Esta sección describe algunas de las disciplinas espirituales que son esenciales para los cristianos. Por medio del ejercicio de estas y otras disciplinas espirituales, los cristianos que crecen se vuelven cada vez más sensibles al bien y al mal, aprendiendo constantemente a distinguir entre ambos. El Espíritu Santo los guiará, de acuerdo con las Escrituras. Los cristianos en crecimiento aprenden a estar alertas a las direcciones del Espíritu Santo para poder resistir la tentación y responder al llamado de Dios a una vida mejor.
La Oración
¶3210 La oración es un medio indispensable de crecimiento hacia la madurez como la de Cristo. En la oración el cristiano habla y escucha, confiesa y adora, pide y da gracias. La oración debiera ser como la conversación, evitando las frases y gestos artificiales. La oración sincera cambia al penitente y a menudo también las circunstancias (Santiago 5:16). La Biblia enseña que la oración tanto individual como de grupo es efectiva para los que están en Cristo. La oración nos lleva más allá de nosotros mismos y enfatiza nuestra dependencia en Dios. Tanto la oración como el estudio bíblico deben ser regulares, sin llegar a ser meros rituales (Salmo 119:11; 10:5).
El Estudio de la Palabra
¶3220 La Biblia es nuestro recurso para descubrir cómo podemos crecer. Es el “Manual de Crecimiento” del cristiano. Se debe tomar muy en serio como la autoridad final en nuestras vidas; por consiguiente, debe ser leída y estudiada diligentemente para encontrar su significado. Dios hablará a los cristianos que crecen a través de sus páginas si ellos están atentos. El valor y el significado de la vida se encuentran en este libro. El estudio con oración y la aplicación de la Escritura son un medio de purificación, de cambio de actitudes y de conducta.
Vida en la Iglesia
¶3230 Los cristianos que crecen encuentran su ambiente de apoyo en la comunión de los creyentes. Ellos no viven independientemente del cuerpo de Cristo. La adoración requiere una actitud apropiada hacia Dios. Incluye la participación activa del creyente. Los creyentes deben preparar sus mentes y espíritus para la adoración. Los creyentes sinceros de Cristo acuden a Dios en alabanza, acción de gracias, dedicación, confesión, fe y servicio. El bautismo y la Cena del Señor son partes esenciales de la vida de la iglesia que fueron ordenadas por el Señor. Dios en su bondad prometió recibir a la persona que toma parte fielmente en estos sacramentos. Como parte del cuerpo de Cristo, los creyentes deben tomar parte en la adoración de la iglesia como un cuerpo así como en los demás ministerios de la misma. La participación en grupos pequeños es un medio de gracia y de crecimiento. El apoyo, aprendizaje, inspiración y disciplina son frutos de la comunión.
Dones Espirituales y Ministerio
¶3240 El crecimiento viene con la aceptación de la responsabilidad total por el uso de los talentos naturales y dones espirituales en el servicio y el ministerio. El Espíritu Santo dota a cada creyente con habilidades naturales para el servicio y ministerio. Estos son un depósito que hemos recibido. Se deben usar solo en aquellas maneras que glorifiquen a Dios. El buen uso de habilidades dadas por Dios sirve para ayudar en el crecimiento personal. El Espíritu Santo también distribuye, como él quiere, los dones espirituales de palabra y de servicio para el bien común y la edificación de la iglesia (1 Corintios 12:7; 1 Pedro 4:10-11).
Los dones espirituales se deben ejercitar bajo la dirección de Cristo con su amor y compasión, y no deben ser causa de división en la iglesia. Por tanto, todo debe hacerse decentemente y con orden. Por ejemplo, en el culto público el lenguaje de la adoración debe ser el lenguaje del pueblo. Toda comunicación en la adoración debe ser inteligible (1 Corintios 14). El creyente debe procurar como la evidencia de la plenitud del Espíritu Santo, no los dones en sí, sino el carácter y el poder del Espíritu Santo.
El Amor por los demás
¶3250 El crecimiento en Cristo requiere tomar responsabilidad de amar a los demás, todos los cuales son amados por Dios y hechos a imagen suya. La calidad de las relaciones del cristiano con otros afecta la calidad de su propia vida. El crecimiento en Cristo requiere diligencia en enmendar las relaciones tanto con Dios como con los demás (Santiago 5:16). Los diez mandamientos, resumidos en dos mandamientos por Jesús (Lucas 10:25-28), enseñan la naturaleza de nuestras relaciones con Dios y con los demás. Los cristianos expresarán su amor tanto por acciones de gentileza como por palabras personales de testimonio que señalan a Cristo como la personificación del amor de Dios y el Salvador del mundo.
Sanidad Divina
¶3260 Toda sanidad, sea del cuerpo, mente o espíritu tiene su fuente definitiva en Dios que está “sobre todos y por todos, y en todos” (Efesios 4:6). Él puede sanar por medio de la cirugía, la medicina, el cambio de ambiente, el consejo, las actitudes corregidas o por medio del proceso mismo de restauración natural. Él puede sanar por medio de uno o más de los anteriores medios en combinación con la oración, o él puede sanar por medio de la intervención directa en respuesta a la oración. Las Escrituras reportan muchos casos de la última clase de sanidad que se enfocan en la vida y ministerio de los apóstoles y de la iglesia.
Consistente con las Escrituras (Santiago 5:14-15), por consiguiente, exhortamos a nuestros pastores a dar oportunidad a los enfermos y los afligidos a que acudan a Dios en la comunión de la iglesia, con una fe ferviente de que el Dios y Padre de Jesucristo puede y desea sanarlos. Al mismo tiempo, reconocemos que aunque los propósitos soberanos de Dios son buenos y que él obra hacia la redención final que asegura sanidad a todos los creyentes, él podría no conceder la sanidad física para todos en esta vida. Creemos que en tales casos él puede glorificarse a sí mismo por medio de la resurrección a la vida eterna.
¶3300 Esta sección surge de la experiencia de los Metodistas Libres que han vivido conforme a los mandamientos de santidad de Cristo en el mundo moderno. Por tanto, describe una respuesta cristiana a los problemas urgentes del mundo contemporáneo.
No se pretende que esta sea una descripción completa y única de la respuesta cristiana correcta a todos los problemas importantes que se enfrentan en este mundo moderno, o de que dicha descripción podía haber sido jamás escrita. Más bien, el enfoque hecho en los siguientes párrafos ilustra las maneras en las que un cristiano debe ofrecer una respuesta responsable y bíblicamente apropiada a los problemas contemporáneos.
Un miembro de la Iglesia Metodista Libre adopta los párrafos siguientes como una guía apropiada para vivir una auténtica vida cristiana. Estos principios (que se indican con letras itálicas) surgen de las enseñanzas directas y claras de la Escritura. Las declaraciones que vienen después de cada uno de los principios representan la comprensión histórica de los Metodistas Libres. Creemos que una vida que se vive de acuerdo a las declaraciones siguientes es una vida “digna de la vocación con que fuisteis llamados” (Efesios 4:1).
Con Relación a Dios (véase
¶157)
Adoración Falsa
¶3310 Jesucristo afirmó el mandamiento
del Antiguo Testamento, “Oye, Israel; el Señor nuestro Dios, el Señor uno es. Y
amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente y con todas tus fuerzas.“ (Marcos 12:29-30;
Deuteronomio 6:4-5). La adoración de cualquier otra persona, espíritu o cosa,
es idolatría.
Nosotros nos abstenemos de toda
práctica que lleve a la idolatría. Prácticas ocultas, tales como el
espiritismo, hechicería y astrología deben ser evitadas. Además, los cristianos
deben mantenerse alertas en contra de las idolatrías del corazón – la adoración
de las cosas, los placeres y el yo (1 Juan 2:16).
El Día del Señor
¶3320 Dios dice claramente en la
Escritura tanto por precepto como por ejemplo que un día de los siete se debe
dedicar a la adoración y al descanso (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:8-11). Jesús
declaró que el sábado fue hecho por el hombre, no el hombre por el sábado
(Marcos 2:27). Necesitamos un día especial en el que nos volvamos de nuestras
tareas diarias para adorar a Dios y renovar el cuerpo, la mente y el espíritu.
El Nuevo Testamento nos dice que la iglesia primitiva se trasladó de la
observación del último día de la semana – el sábado judío para adorar a Dios en
Cristo en el primer día de la semana – el día del Señor, el día de su
resurrección.
Al mantener el principio del sábado
en el marco de un día del Señor, nosotros participamos en la adoración como un
cuerpo en la comunidad cristiana como la actividad esencial del domingo
(Hebreos 10:25). Nos abstenemos en este día de tareas innecesarias y del
comercio, y reconocemos que la salvación viene no de nuestros propios esfuerzos
sino por la gracia, mientras descansamos en Dios (Isaías 58:13-14; Hebreos 4:9).
Exhortamos a nuestros pastores y demás líderes que tienen qué realizar labores
necesarias el día domingo, a observar el principio del sábado otro día de la
semana.
Sociedades Secretas
¶3330 La lealtad suprema del cristiano es a Jesucristo que es el Señor (Romanos 14:9; Hechos 2:36). En toda asociación los cristianos deben mantenerse libres para seguir a Jesús y obedecer la voluntad de Dios (2 Corintios 6:14-18). Por tanto, nos abstenemos de juramentos solemnes de secrecía compartidos con personas no creyentes, que oscurezcan nuestro testimonio.
Aquellas asociaciones voluntarias
que demandan un juramento, afirmación, promesa de secrecía o una clave secreta
como condiciones de membresía deben ser consideradas sociedades secretas. En
contradicción con la enseñanza de Cristo y el Nuevo Testamento, estas
sociedades requieren promesas y votos que comprometen las futuras acciones de
aquellos que se unen como miembros (Mateo 5:34-37). Por consiguiente, como
cristianos, nos oponemos a jurar una lealtad no merecida a ninguna sociedad
secreta pues consideramos dicha lealtad en conflicto con nuestra entrega
incondicional a Jesucristo como Señor. Es preciso que nos mantengamos libres
para seguir la voluntad del señor en todas las cosas.
La mayoría de las sociedades son
religiosas por naturaleza. Se ofrecen oraciones, se cantan himnos, y los
miembros se comprometen en actos de adoración delante de un altar. Se escogen
capellanes para dirigir la adoración y para dirigir funerales. Pero la adoración
de estas sociedades es unitaria, no cristiana; la religión es moralista, no
redentora; y los fines son humanistas, no evangélicos (Hechos 4:12). Nos
abstenemos, por tanto, de membresía en todas sociedades secretas y cuando nos
unimos con la iglesia renunciamos a la membresía activa de cualquier logia u
orden secreta a la que hayamos pertenecido con anterioridad.
Nosotros no requerimos que aquellos
que se unen como miembros a la iglesia dejen de realizar pagos necesarios para
mantener en vigor beneficios de seguros previamente contratados por medio de la
membresía en logias.
Con Relación a Nosotros Mismos y a Otros (véase ¶158)
El Valor de las Personas
¶3340 Nosotros reconocemos el valor de todos los humanos sin distinción de género, raza, color o cualquiera otra distinción (Hechos 10:34-35), los respetamos como personas hechas a la imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y redimidas por la muerte y resurrección de Cristo. La ley del Antiguo Testamento nos ordena dicho respeto (Deuteronomio 5:11-21). Jesús resumió esta ley como amor a Dios y al prójimo (Mateo 22:36-40). Él ministró a todos sin distinciones y su muerte en la cruz fue en beneficio de todos (Juan 3:16; Romanos 5:8).
Por tanto, estamos comprometidos a
un interés activo siempre que seres humanos sean maltratados, abusados,
menospreciados o sujetos a fuerzas demoníacas en el mundo, sean individuales o institucionales
(Gálatas 3:28; Marcos 2:27). Se nos exhorta a concederles un significado y un
valor a todas las personas con la ayuda de Dios.
Reconociendo nuestra tendencia a ser
prejuiciosos, como cristianos debemos crecer en nuestro reconocimiento a los
derechos y necesidades de los demás.
Disciplina Personal
¶3350 Uno de los atributos de la presencia del Espíritu habitando en nosotros es el dominio propio (Gálatas 5:23). La Escritura nos exhorta a honrar al cuerpo como el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20).
Como cristianos es nuestro deseo
caracterizarnos por el equilibrio y la moderación. Procuramos evitar los
modelos extremos de conducta. Procuramos también mantenernos libres de
adicciones o compulsiones.
Ya que los cristianos se deben
caracterizar por un estilo de vida disciplinado, nos proponemos evitar la
indulgencia egoísta en los placeres de este mundo. Es nuestro deseo vivir simplemente
al servicio de los demás, y practicar la mayordomía de la salud, del tiempo, y
de otros recursos recibidos.
Estamos comprometidos a ayudar a
todos los cristianos a que obtengan dicha vida disciplinada. Aunque los hábitos
no saludables son difíciles de romper, los creyentes no necesitan vivir con
tales ataduras. Nosotros encontramos ayuda en las Escrituras, el Espíritu
Santo, la oración, y el consejo y apoyo de los demás cristianos.
Mayordomía de las Posesiones
¶3360 Aunque como cristianos nosotros acumulamos bienes, nuestra meta no debe ser las riquezas ni las posesiones (Mateo 6:19-20; Lucas 12:16-21). Más bien, como mayordomos somos personas que dan generosamente para satisfacer las necesidades de los demás y para apoyar el ministerio (2 Corintios 8:1-5; 9:6-13).
Las Escrituras nos conceden el
privilegio de la propiedad privada. Aunque tengamos títulos de propiedades
amparados por la ley civil, nosotros las consideramos como una propiedad de
Dios encomendada a nosotros como mayordomos.
Los juegos de azar contradicen la fe
en Dios que gobierna los negocios de su mundo, no por casualidad sino por su
cuidado providencial. Los juegos de azar carecen de la dignidad de un salario ganado
y la honra de un presente. Reciben su valor de los bolsillos de un semejante
sin dar nada a cambio. Ya que fomenta la codicia, destruye la iniciativa del
trabajo honesto y a menudo termina como una adicción. El patrocinio de los
gobiernos a las loterías solamente agrava el problema. Debido a los males que
acarrea, nosotros nos abstenemos de los juegos de azar en todas sus formas por
motivos de conciencia y como testimonio a la fe que tenemos en Cristo.
Mientras que las costumbres y las
normas de la sociedad cambian, existen principios escriturales inmutables que
nos gobiernan como cristianos en nuestras actitudes y conducta. Todo lo que
compramos, usamos o llevamos puesto refleja nuestro compromiso con Cristo y
nuestro testimonio al mundo (1 Corintios 10:31-33). Por consiguiente, nosotros
evitamos la extravagancia y aplicamos los principios de sencillez de vida
cuando tomamos decisiones relativas a la imagen que proyectamos por medio de
nuestras posesiones.
La Vida en el Lugar de Trabajo
¶3370 Como cristianos somos
llamados a ser siervos de todos. Esta norma es igualmente aplicable al empleado
y al patrón (Efesios 6:5-9; Colosenses 3:22-41). Nuestro interés por la
justicia es principalmente un interés por ser justos y solo de manera
secundaria un interés por obtener justicia.
Creemos que todas las personas
tienen el privilegio de ser remuneradas por su trabajo sin distinción de
género, raza, color, origen nacional, o credo (Romanos 10:12).
Reconocemos el privilegio de los
trabajadores de organizarse para mejorar sus condiciones de trabajo. Los pactos
sujetos a juramento secreto o actos de violencia diseñados para violar o
defender sus derechos no pueden ser condonados. Reconocemos también el derecho
de los trabajadores de optar por ser independientes de dichas organizaciones.
Como cristianos no consideramos a
los patrones y a los trabajadores como adversarios. No hay razón para que haya
desconfianza y hostilidad a su lugar de trabajo o la mesa de negociaciones.
Desaprobamos la explotación de las personas o que se les considere meramente
como unidades económicas. No fomentamos la confrontación intransigente pero
estamos a favor de la búsqueda de soluciones.
Procuramos que nuestro testimonio
sea efectivo en nuestro lugar de trabajo, recordando que como trabajadores
cristianos somos responsables primeramente a Dios y luego a nuestro patrón y a
la organización. Como patrones cristianos tenemos la obligación de tratar justa
y gentilmente a nuestros empleados, preservando el testimonio del carácter
cristiano tanto de palabra como de hecho (Mateo 7:12; Colosenses 3:17).
Entretenimiento
¶3380 Nosotros evaluamos todas las
formas de entretenimiento a la luz de las normas bíblicas para una vida santa,
reconocemos que debemos gobernarnos a nosotros mismos conforme a estas normas.
Las Escrituras dicen: “...deudores somos, no a la carne, para que vivamos
conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por
el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” (Romanos 8:12-13).
En una cultura en la que se procura fervientemente el placer, es preciso tener cuidado con relación a nuestras actividades recreativas. Nos enfrentamos a una multitud de medios de entretenimiento tales como la televisión, los videos, películas, música grabada, internet, bailes, revistas y novelas. Como muchas de estas cosas pueden conseguirse en casa, nuestras elecciones al respecto no pueden legislarse a distancia; necesitamos hacerlas desde adentro, de un corazón renovado. En el caso de los niños y los adolescentes que viven en casa, sin embargo, nuestras convicciones como padres cristianos deben prevalecer.
Nuestras decisiones con relación al entretenimiento deben hacerse reconociendo que algunas diversiones modernas promueven la violencia, excitan el deseo sexual o despiertan la codicia, y ciertos ambientes estimulan y promueven la tolerancia del vicio y de la vulgaridad.
Nos comprometemos a ser moderados en nuestra búsqueda de entretenimiento, considerando cuidadosamente el uso sabio del tiempo y del dinero, así como la mayordomía del cuerpo a fin de evitar toda clase de mal y honrar a Cristo en todo.
Por consiguiente, al tomar decisiones con relación al entretenimiento, delante del Señor debemos responder con franqueza a las preguntas: ¿Ayuda o perjudica esta actividad mi testimonio como cristiano? ¿Contradice o no las enseñanzas de las Escrituras? ¿Está mi conciencia tranquila a este respecto? ¿Participar en esto puede exponerme a una tentación innecesaria? ¿Podrá esta acción causar alguna clase de esclavitud?
Abuso de Substancias
¶3390 Como cristianos nosotros
creemos que la vida es plena, abundante y libre en Jesucristo (Romanos 8:35;10:10). Por lo tanto, nos abstenemos de todo aquello que
dañe, destruya o distorsione la vida que hay en nosotros.
Las drogas ilícitas son destructoras
de primera. Debido a que las varias formas de narcóticos causan daños
indescriptibles a las personas y las relaciones, y que tales drogas inhiben el
desarrollo personal, dañan al cuerpo y producen un concepto no realista de la
vida, nosotros evitamos su uso.
Debido a que Cristo demanda de
nosotros que amemos a Dios con todo nuestro ser y a nuestro prójimo como a
nosotros mismos, estamos a favor de abstenernos del uso de bebidas alcohólicas
(Marcos 12:30-31). El abuso del alcohol, una droga lícita, está dañando a las
personas, las familias, y a la sociedad. No podemos predecir lo adictiva que
es, y sus efectos destructivos no se pueden medir completamente. Su abuso deja
un rastro de matrimonios destruidos, violencia familiar, crímenes, pérdidas en
las empresas y pérdida de la salud. Como cristianos serios, estamos a favor de
la abstinencia por el bien de la salud, la familia y los vecinos. Además,
consideramos las consecuencias sociales adversas tan extensas que tratamos de
conformar un testimonio social unido por medio del fomento de la abstinencia hacia
la libertad que Cristo ofrece.
Ya que creemos que los cristianos
deben tratar sus cuerpos como encargos sagrados, estamos a favor de la
abstinencia del uso del tabaco. Es una causa primaria de una variedad de
cánceres y otros padecimientos, así como es también una adicción cara y
socialmente ofensiva. Tomamos las palabras de Pablo con suma seriedad, “¿O
ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados
por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu,
los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20).
Considerando que la dependencia de
cualquier clase de drogas impide la plenitud de la vida en Cristo, nos
pronunciamos en contra del uso indiscriminado de medicamentos y venta directa
de drogas. Por más que el valor terapéutico de dichas substancias sea grande,
su potencia, proliferación y fácil accesibilidad requieren que los cristianos
seamos vigilantes en contra de su abuso.
Creemos que el consumo excesivo de
alimentos es una forma de abuso del cuerpo que puede traer como consecuencia
enfermedades u obesidad. Nos alimentamos sanamente a fin de preservar la
fortaleza de nuestros cuerpos y así prolongar nuestra vida útil como siervos de
Cristo.
Procuramos con la ayuda de Dios ser
comprensivos y apoyar a aquellos que llegan a los pies de Cristo con problemas
de adicción. Creemos en el poder de Cristo para liberar (Romanos 6:13; Gálatas
6:2). Pero reconocemos las dificultades para vencer las ataduras de las
adicciones, y deseamos prestar toda la ayuda y apoyo necesarios mientras
nuestros hermanos cristianos procuran obtener su total liberación.
Como evidencia adicional de una
conciencia despertada, estamos a favor de abstenernos del cultivo, manufactura
o promoción de estas substancias que son dañinas para la salud.
Pornografía
¶3400 Las Escrituras nos advierten
que aquellos que participan en la inmoralidad sexual, impureza y desenfreno “no
heredarán el reino de Dios” (Gálatas 5:19-21). Por tanto, como cristianos
nosotros evitamos participar en estos males o en la glorificación de los mismos
que se puede encontrar en las muchas formas de pornografía.
La pornografía excita la lascivia
sexual, la cual es la degradación de un don de Dios. Disfraza y puede estimular
las conductas sexuales indecentes y desviadas tales como la fornicación, el
incesto, la violación, la sodomía, el abuso de menores y la bestialidad. Puede
ocasionar una decadencia progresiva de los valores morales, comenzando con la
adicción, seguida por la desensibilización de la conciencia, y conduciendo
hacia la destrucción innecesaria a causa de la conducta sexual pervertida. A
menudo convierte en víctimas a inocentes y personas ingenuas.
Para la sociedad, la pornografía es
una fuerza degenerativa rampante. Daña y destruye. Como cristianos, nosotros
nos oponemos por todos los medios legítimos a la abominación de la pornografía.
Conducta Homosexual
¶3410 La conducta homosexual es considerada en las Escrituras como inmoral pues es una distorsión del orden creado por Dios, una práctica contraria a la naturaleza. La santidad del matrimonio y de la familia se debe de proteger en contra de toda clase de conducta inmoral (Éxodo 22:16-17; Deuteronomio 22:23-28; Levítico 20:10-16). Las Escrituras hablan explícitamente en contra de la práctica homosexual (Levítico 18:22; 20:13; Romanos 1:26,27; 1 Corintios 6:9,10; 1 Timoteo 1:8-10).
Las personas con inclinación
homosexual darán cuenta a Dios por su conducta (Romanos 14:12). Para aquellos
que han caído en la práctica, la gracia de Dios es suficiente y completamente
adecuada para perdonar y liberar (1 Juan 1:9; Hebreos 7:25; Lucas 4:18; 1
Corintios 6:9-11). Siendo esta práctica una distorsión de la naturaleza, puede
ser necesaria la terapia para que la sanidad se efectúe.
La iglesia como cuerpo tiene una
responsabilidad de ser el agente sanador de Dios, ministrando en amor a los
homosexuales y dándoles apoyo mientras aprenden a vivir una vida cristiana sana
y pura (1 Corintios 2:7-8).
Nosotros nos oponemos a la
legislación que legitima la conducta homosexual como un estilo alterno de vida.
Vida Sagrada
¶3420 Dios es soberano: el mundo y
lo que hay en él pertenece a Dios. Aunque los propósitos eternos de Dios no
pueden nunca ser estorbados por la acción humana, aún somos libres y
responsables para tomar decisiones que sean consistentes con Dios en cuestiones
de la vida y de la muerte. Los cristianos viven conscientes de que los seres
humanos son creados para un propósito eterno. Al atender el sufrimiento humano,
nosotros reconocemos que la habilidad de la tecnología médica para terminar con
el sufrimiento humano es finita. Por consiguiente, aceptamos nuestra
responsabilidad para usar esta tecnología con sabiduría y compasión; honrando a
Dios, que es la autoridad suprema y final.
Nuestras convicciones acerca del
valor inherente de la vida humana constituyen el fundamento de nuestro concepto
de la bioética. Estos complejos problemas bioéticos involucran valores
religiosos y morales, así como realidades médicas y legales. Por tanto, los
cristianos no pueden determinar sus derechos y privilegios solo por la
extensión de la permisividad de las leyes del estado o las posibilidades de los
procedimientos médicos seguros.
Dios está con nosotros en nuestro
sufrimiento, para consolarnos, para conformar un carácter como Cristo dentro de
nosotros, y para hacernos instrumentos de su sanidad. Las enfermedades
crónicas, la capacidad física disminuida o la discapacidad no constituyen el
fin de la vida y no tienen por qué comprometer nuestra confianza en Dios.
Para el cristiano, la muerte no es
la terminación de la vida, sino la transición hacia la eternidad. Por
consiguiente, la muerte física no es el último enemigo, sino parte de nuestro
peregrinaje. El amor de Dios nos sostiene en medio del dolor. Él ministra a
nosotros personalmente y por medio del ambiente sanador de la comunidad
cristiana. La obtención de sabiduría divina en la cara del sufrimiento viene a
nosotros a través de la Escritura, la oración, el consejo piadoso y la obra del
Espíritu Santo. Cuando somos consolados, somos llamados a llevar el consuelo de
Dios a quienes todavía sufren.
A. Tecnología
Reproductora
La tecnología reproductora genera gran cantidad de preguntas éticas, médicas, legales y teológicas aún cuando ofrece esperanza. El principio rector, de que la vida humana total debe ser valorada, respetada y protegida a través de todas sus etapas debe ser cuidadosa y consistentemente aplicada en cada nuevo desarrollo. Una teología cristiana de la familia (¶3440) debe informar también estas decisiones.
B. El Aborto
El aborto intencional de la vida de una persona, desde el momento de la concepción en adelante, debe considerarse como una violación del mandamiento de Dios, “No matarás,” excepto cuando circunstancias extremas obliguen a la interrupción de un embarazo para salvar la vida de la madre. El aborto inducido es la destrucción intencional de una persona después de la concepción y antes del nacimiento, por medios quirúrgicos o de otra índole. Por tanto, el aborto inducido es moralmente injustificable excepto cuando el acto haya sido decidido por personas responsables y competentes, incluyendo el consejo profesional cristiano, con el fin de salvar la vida de una mujer embarazada. El aborto, cuando es con el propósito de control natal, o de población, la preferencia o conveniencia personal, o la seguridad económica o social, debe ser considerado como malicioso y egoísta.
La decisión de interrumpir un embarazo involucra valores religiosos y morales, así como realidades médicas y legales. La moralidad cristiana demanda que consideremos tanto el mandamiento bíblico como la situación humana en la que la ley tiene qué ser aplicada. Como cristianos, creemos que la vida humana, sea in vitro, madura o senil, es sagrada ya que la vida existe en relación con Dios.
C.
Eutanasia
No existe justificación para la eutanasia o el suicidio asistido por un médico. Se entiende que la súplica de una persona con una enfermedad terminal de que la vida no le sea prolongada con medidas heroicas, no constituye la eutanasia o el suicidio asistido por un médico. Nosotros reconocemos que es permisible usar analgésicos y otras medicaciones que llevan consigo el riesgo de acortar la vida, siempre que el propósito sea aliviar o beneficiar de alguna manera al paciente, no el de causar la muerte. Además, reconocemos la responsabilidad de los profesionales médicos de aliviar el dolor físico dentro de estos parámetros. Los cristianos deben desanimar el concepto de que hay vidas que no son dignas de ser preservadas. Creemos que no hay tal cosa como “una vida inútil”. El valor y la dignidad en nuestras vidas descansan primordialmente en nuestra relación con un Dios que nos ama.
D. Otros Dilemas
Éticos
Estos principios
bíblicos que dirigen nuestro concepto de la bioética necesitan ser aplicados
sobre una base actual en otros dilemas que surgen de los progresos de la
tecnología médica. Dichos dilemas éticos pueden incluir pero no limitarse a: la
asignación de recursos finitos, trasplante de órganos, interés por interrumpir
una vida, ingeniería y pruebas genéticas, cuestiones de identidad de género y
otros.
Con Relación a las Instituciones de Dios (véase ¶159)
¶3430 Existen por lo menos tres instituciones terrenales diseñadas
divinamente. Una de ellas es el matrimonio y la familia. La segunda es la
iglesia. La tercera es el gobierno secular. Solo la iglesia, entre estas
instituciones, durará hasta la eternidad. Sin embargo, las Escrituras dan una
gran importancia al modo en que debemos actuar con relación a cada una de estas
instituciones hasta el regreso de Cristo.
Esta sección procura describir un
concepto cristiano sobre estas importantes instituciones. El enfoque está en
principios importantes: no tratamos de agotar el tema. Las declaraciones de
principios representan lo que creemos que son las enseñanzas centrales y claras
de las Escrituras sobre estas instituciones. Creemos también que la aplicación
de la declaración que acompaña las declaraciones de principios son inferencias
claras de las Escrituras, pero son presentadas aquí para ayudar a nuestras
iglesias y miembros en la aplicación de principios escriturales.
El Cristiano y el Matrimonio
¶3440
A. Principios
Relativos al Matrimonio
Naturaleza del Matrimonio: En la creación Dios instituyó el
matrimonio para el bienestar de la humanidad (Génesis 2:20-24; Marcos 10:6-9).
El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer mediante una relación para
toda la vida que las Escrituras llaman “una carne.”
La relación sexual es el don de Dios a la humanidad, para la unión
íntima de un hombre y de una mujer dentro del matrimonio. En esta relación es
como se debe de celebrar (Hebreos 13:4). El matrimonio es, por tanto, el único
marco para la intimidad sexual. La Escritura requiere pureza antes, y fidelidad
dentro del matrimonio. De igual manera, condena todas aquellas clases de
conducta sexual antinatural tal como el abuso incestuoso, el maltrato infantil,
la actividad homosexual y la prostitución (1 Corintios 6:9; Romanos 12:6-27).
Por consiguiente, creemos que el matrimonio debe ser protegido y
apoyado tanto por la iglesia
como por la sociedad y debe ser formalizado con votos públicos. No es
suficiente que una pareja viva unida en un compromiso privado; creemos que
ellos deben hacer un pacto ante Dios y ante el estado.
B. Construyendo Matrimonios
Sanos
La Iglesia Metodista Libre exhorta a su pueblo a entrar con oración al pacto del matrimonio. De acuerdo con el mandamiento del apóstol (2 Corintios 6:14), esperamos que el matrimonio sea contraído solo con otros creyentes. Encomendamos a los ministros a usar un cuidado diligente cuando reciban la petición de solemnizar un matrimonio. Aquellos que unen a creyentes con no creyentes lo hacen contrariamente a las enseñanzas explícitas de las Escrituras.
Antes de entrar en el matrimonio se debe tomar consejo de los líderes cristianos. Los jóvenes que desean casarse deben procurar el consentimiento de los padres. Nuestros ministros no oficiarán en el matrimonio de cualquier persona menor de edad, a menos que los padres o tutores estén presentes o hayan dado su consentimiento por escrito, y a menos que dos testigos que conozcan a los contrayentes estén presentes.
Deseamos que nuestras iglesias proporcionen instrucción sobre educación sexual y preparación para el matrimonio. Los pastores procurarán que todos los candidatos al matrimonio hayan recibido dirección prematrimonial, usando materiales consistentes con la enseñanza de la denominación. Además, exhortamos a las iglesias locales a proporcionar recursos tales como seminarios y retiros para fortalecer a los matrimonios y edificar hogares cristianos.
C. Sanando Matrimonios
Quebrantados
La iglesia viva en Dios tiene recursos espirituales para los matrimonios con problemas. Los principales recursos son el poder renovador del Espíritu Santo y la Palabra, la oración y los sacramentos, el consejo y el apoyo. A través del ministerio de la iglesia, Dios puede traer la sanidad y la reconciliación.
Por consiguiente, si un matrimonio de nuestros miembros cae en crisis, les exhortamos a buscar el consejo del pastor y someterse a la dirección de la iglesia. Puede ser necesario el consejo profesional.
Reconocemos que la violencia doméstica, emocional y/o física, ocurre también en las familias relacionadas con la iglesia. A menudo pone en peligro la seguridad de uno de los cónyuges o de los niños y puede ser un peligro para la vida misma. Estos miembros de la familia necesitan la sanidad tanto espiritual como emocional (Malaquías 2:13-16).
Cuando una situación imposible está destruyendo el hogar, nuestro consejo es que los cristianos se puedan separar. En tales casos, el camino de la reconciliación debe mantenerse abierto (1 Corintios 7:10-11). Aún cuando el matrimonio haya sido violado por la infidelidad sexual, es aconsejable que la pareja sea animada a buscar la restauración de la unión.
D. El Divorcio
Cuando uno de los cónyuges es cristiano y el otro no lo es, nosotros creemos que el cristiano no puede solo por esa razón divorciarse de su pareja no cristiana (1 Corintios 7:12-13) pues el amor cristiano puede redimir al no creyente y unir el hogar en Cristo (1 Corintios 7:16).
Cuando un matrimonio haya sido violado por la infidelidad sexual, los cónyuges son estimulados a buscar la restauración de la unión. Donde la reconciliación sea imposible, el divorcio puede ser la única salida (Mateo 5:32; 19:9).
La deserción es el abandono de un matrimonio sin una causa justa. Creemos que una persona niega la fe cuando él/ella abandona a su cónyuge deliberadamente y por un largo período de tiempo. Cuando la deserción conduce subsecuentemente a un divorcio, el cónyuge abandonado ya no está obligado por el matrimonio (1 Corintios 7:15).
Cuando la reconciliación sea imposible en un matrimonio quebrantado, reconocemos que el divorcio puede ser inevitable (Mateo 5:32; 19:9). Cuando el matrimonio queda dañado completamente, reconocemos que, en palabras de Jesús, la “dureza de corazón” está implícita en uno de los dos lados de la unión (Mateo 19:3-8; Marcos 10:5-9).
Aunque las Escrituras reconocen el divorcio sobre la base de adulterio (Mateo 5:32) y el abandono (1 Corintios 7:10-16), no lo ordenan, y nosotros estamos a favor del consejo con los líderes de la iglesia para buscar alternativas. Una de estas puede ser que ambos vivan en soltería.
E. Restauración
después de un divorcio
El divorcio siempre produce traumas. Es el rompimiento de un pacto, violando así la intención de Dios de la fidelidad en el matrimonio (Malaquías 2:13-16). Por esta razón, las personas divorciadas deben ser auxiliadas para comprender y remediar las causas del divorcio. Ellos deben procurar el consejo pastoral. Puede ser que el consejo profesional también sea necesario. Si existieran patrones religiosos no sanos, las parejas deben ser ayudadas a remplazarlos con actitudes nuevas, y conductas que sean como la de Cristo (Colosenses 3:1-15). El arrepentimiento y el perdón son cruciales para la recuperación. Las metas del proceso son la sanidad personal, y la restauración a una participación completa dentro de la iglesia. La iglesia debe extender su interés a la familia y demás personas afectadas por el divorcio.
F. Matrimonio en
segundas nupcias
Un miembro divorciado, o un miembro que está considerando contraer nupcias con una persona divorciada debe quedar bajo la autoridad, el consejo y dirección de la iglesia.
Las personas que hayan sido divorciadas mientras se encontraban en el estado de incredulidad no tendrán obstáculos para ser recibidos como miembros, aunque vuelvan a contraer nupcias. De igual manera, a los creyentes no se les prohíbe casarse con una persona que se haya divorciado antes de ser creyente. Un miembro de la iglesia que se haya divorciado de un cónyuge adúltero, o abandonado por su pareja no creyente, después de que el perdón y la reconciliación hayan sido rechazados, podrá volverse a casar (Mateo 5:31-32; 19:3-11; 1 Corintios 7:15).
G. Rechazo al consejo
Cuando un miembro se divorcia de su cónyuge en violación a las Escrituras, o se casa de nuevo sin buscar consejo o seguir la dirección del pastor, o del comité al cuidado de la membresía, el comité revisará el caso y recomendará la acción apropiada a la junta administrativa local. La acción correctiva incluirá la privación del liderazgo, y podrá incluir la suspensión, o expulsión de la membresía.
H. Casos especiales
Podrían surgir casos
en los cuales el pastor o el comité al cuidado de la membresía no encuentren
instrucciones explícitas en este Libro de
Disciplina.
En tales casos, el pastor, después de tratar el problema con el comité, consultará con el superintendente.
Formación y Educación de los Niños
¶3450 La
Iglesia Metodista Libre considera la educación de sus niños como una
responsabilidad de los padres (Deuteronomio 6:5-9; Efesios 6:4). Parte de esa
responsabilidad podrá ser delegada, pero no dejada completamente a cargo de
instituciones de educación, públicas o cristianas.
La Iglesia Metodista Libre espera
ser involucrada en forma interactiva con los padres en la enseñanza y la
preparación de todos los niños en los fundamentos de la fe cristiana. Es el
propósito de la familia, tanto natural como de la familia de Dios, proporcionar
un marco en el que los adultos y los niños pueden crecer juntos en su amor a
Dios y en el amor de los unos a los otros (Deuteronomio 11:18-19; Joel 1:3).
Viendo el valor que Jesús dio a los
niños (Mateo 19:14), nuestras iglesias consideran el ministerio hacia los niños
y jóvenes como una prioridad. Los ministerios se enfocan no solo en dirigir a
los jóvenes a la fe en Jesucristo sino también en iniciarlos en la membresía de
la iglesia y en el ministerio.
La iglesia desea apoyar las escuelas
públicas y reconoce el desafío a los maestros cristianos, los padres y alumnos
de ser como una luz al mundo. Cuando los padres deciden utilizar las escuelas
cristianas o la educación en el hogar, también los apoyamos en su decisión.
Solicitamos que nuestros niños sean eximidos de aquellas tareas y actividades
que entran en conflicto con los valores que nuestra denominación sostiene.
Cuando surgen los conflictos, pedimos a la escuela que las calificaciones
académicas de nuestros estudiantes no sean perjudicadas, y cuando sea necesario
se les den actividades alternativas.
La iglesia tiene interés en que los
conceptos de los primeros orígenes tengan completa y justa consideración en nuestras
escuelas públicas. Hay materiales educativos disponibles que permiten un
acercamiento científico a los distintos conceptos sobre los orígenes,
incluyendo la creación especial (de que todas las formas básicas de vida
proceden de un Creador sobrenatural). Por tanto, solicitamos que el concepto de
la creación especial sea presentado en, o junto con los programas, libros de
texto, materiales de biblioteca y materiales adicionales que se relacionen con
la cuestión de los primeros orígenes.
El Cristiano y la Iglesia
¶3460 La iglesia es parte del plan
eterno de Dios para hacer un pueblo propio, que sea “santo y sin mancha delante
de él.” Fue instituida por Cristo durante su ministerio cuando Él comisionó a
la iglesia para ser su única representante en el mundo. Por tanto, las
Escrituras hablan de la iglesia como el cuerpo de Cristo. La iglesia ha sido
capacitada para el ministerio por la obra activa y vigente del Espíritu Santo
desde el Pentecostés. Así como las cartas del Nuevo Testamento fueron escritas
a iglesias en lugares específicos, integradas por personas específicas, la
iglesia no es solo universal, sino también visible y local.
La iglesia es también el pueblo de Dios en el mundo. Tanto en el Antiguo
como en el Nuevo Testamento este hecho es ilustrado ampliamente. El Señor de la
iglesia concede dones a su pueblo para que sirvan unos a otros y para que
ministren en el mundo. Aunque los cristianos que viven independientemente de la
iglesia puedan no necesariamente abandonar su fe, ciertamente quedarán privados
de los recursos y oportunidades espirituales que el mismo Dios ha ordenado. En
armonía con las Escrituras, nosotros afirmamos la membresía en la iglesia.
La membresía en la iglesia es una realidad bíblica que se hace evidente
en los primeros días después del Pentecostés (Hechos 2:47). Cuando el Espíritu
Santo da nueva vida en Cristo, al mismo tiempo efectúa nuestra entrada
espiritual a la iglesia (1 Corintios 12:13). La Iglesia Metodista Libre es una
denominación entre las muchas otras iglesias visibles y legítimas en el mundo.
El ingreso a la membresía de una de nuestras iglesias es una señal local y
visible de un ingreso en la iglesia universal.
A. La membresía en la
iglesia
Por consiguiente nuestra iglesia proporciona medios por los cuales las personas que han nacido del Espíritu puedan ingresar en un Pacto de Membresía (¶154-160) y registrar su membresía en un acto público. Nosotros proveemos de categorías para creyentes menores de dieciséis años de edad, y adultos. Como un auxilio al crecimiento cristiano proporcionamos instrucción para membresía, misma que puede ser seguida por el ingreso a la membresía. Para más información sobre los requisitos y rituales para membresía véase ¶150-164.
B. Liderazgo en la iglesia
El liderazgo en la iglesia es un honor que viene acompañado de responsabilidades y sacrificios. Las Escrituras nos dan descripciones de las cualidades de los líderes en pasajes como: Éxodo 18:21, Hechos 6:3, 1 Timoteo 3:1-13 y Tito 1:5-9. Aquellos que son escogidos para ser líderes en la iglesia lo son en un espíritu de humildad y dependencia en Dios. Deben ser personas espiritualmente maduras cuyo estilo de vida esté en armonía con las Escrituras, la doctrina de la Iglesia Metodista Libre (¶100-131), los principios del pacto de membresía (¶150-160) y de ¶6200.E. Deben vivir vidas personales y públicas que claramente sean un ejemplo de estos principios.
El Cristiano y el Estado
¶3470 Como cristianos, somos ciudadanos del reino de Dios y de este mundo. Recibimos beneficios, así como responsabilidades de ambos. Nuestra primera lealtad es a Dios, pero eso no nos exime de las responsabilidades con nuestra propia nación si tales relaciones no entran en conflicto con las enseñanzas claras de las Escrituras (Romanos 13:1-7). Reconocemos la autoridad soberana del gobierno y nuestro deber de obedecer las leyes (Mateo 22:21; Romanos 13:1-7). Así, acatamos las responsabilidades de una buena ciudadanía.
A. Participación
Cívica
Como cristianos, oramos por “todos los que están en eminencia” (1 Timoteo 2:2) y nos sometemos “por causa del Señor... a toda institución humana, “ (1 Pedro 2:13). Participamos activamente en la vida cívica involucrándonos en los esfuerzos para las mejoras de las condiciones sociales, culturales y educativas (Mateo 5:13-16). Nos oponemos a las influencias culturales degradantes (2 Pedro 2:4-10). Ejercemos nuestra responsabilidad de votar.
B. Guerra y
Reclutamiento Militar
No creemos en la agresión militar, como instrumento de política nacional (Isaías 9:6-7). La destrucción de la vida y de la propiedad, el engaño y la violencia necesarias para la guerra son contrarios al espíritu y la mente de Jesucristo (Isaías 9:6-7; Mateo 5:44-45). Es, por consiguiente, nuestro deber como cristianos promover la paz y la buena voluntad, mantener la comprensión y la confianza mutua entre todos los pueblos, y trabajar con paciencia para la abolición de la guerra como un medio de resolver disputas internacionales (Romanos 12:8; 14:19).
Es nuestra firme convicción de que nadie debe ser requerido para ingresar al entrenamiento militar o a portar armas excepto en tiempo de peligro nacional y de que las conciencias de nuestros miembros sean respetadas (Hechos 4:19-20; 5:29). Por tanto, exigimos la exención de todo ejercicio militar de los que se registren oficialmente con la iglesia como personas con objeciones a la guerra.
C. El Juramento
El juramento temerario y vano es prohibido por nuestro Señor (Mateo 5:34; Santiago 5:12). Nosotros afirmamos que la religión cristiana no prohibe el juramento requerido por un oficial público. En todo caso, el cristiano debe hablar con justicia y verdad (Jeremías 3:4:1-2; Efesios 4:25).
¶3500
A. Entendiendo los
Problemas del Estilo de Vida en el Pacto de Membresía. Ya que el Pacto de
Membresía es una parte de la Constitución, los cambios recientes son el
resultado de un referendo hecho por la Iglesia Metodista Libre alrededor del
mundo. En esencia, el Pacto fue cambiado de ser una base legal (con una lista
más larga de conductas y actitudes específicas) a una base de principios (con
una lista más corta de principios rectores superiores.
Por ejemplo, cuando el pacto trata con problemas de un estilo de vida dice, “Como un pueblo, vivimos vidas santas e íntegras mostrando misericordia hacia todos, ministrando tanto a sus necesidades físicas como espirituales. Nos consagramos a conservarnos libres de hábitos y actitudes que denigran la mente y dañan el cuerpo, o que promueven los mismos... .”
Este principio mantiene la posición largamente sostenida de llamar al pueblo a comprometerse a vivir sanamente evitando sustancias adictivas como el alcohol y el tabaco. También nos recuerda, por ejemplo, que no debemos comer o trabajar en exceso.
Dado que el pacto de membresía se basa en principios, surge entonces la pregunta de cuándo puede uno ser considerado como un miembro de la comunidad del pueblo de Dios. En nuestro apartado anterior vimos la membresía como el diploma de graduación al finalizar el proceso de un discipulado que preparó al pueblo para vivir dentro de requisitos específicos. El presente apartado considera la membresía como la puerta de entrada al proceso del discipulado. Como miembros, continuamente permitimos que el Espíritu Santo haga nuevas aplicaciones del pacto de membresía a niveles más profundos, llegando así a ser cristianos más sanos.
Por lo tanto, nosotros fijamos nuestros ojos en Jesús, y con la capacitación del Espíritu Santo podemos vivir en obediencia gozosa, haciendo a un lado todo lo que nos impide ser más como Cristo (Hebreos 12:2).
B. Recursos
Adicionales
Se encuentran disponibles otros recursos a través de Light and Life Communications en www.LLCom.net.
Los números de párrafos y letras de sección en
negritas indican las divisiones que pueden ser cambiadas por la junta administrativa.
Todas las demás solo pueden ser cambiadas por la conferencia general.