Iglesia Metodista
Libre
de
Norte América
Libro
de Disciplina
2003
“Mirad por vosotros, y por todo el
rebaño
en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos,
para apacentar la iglesia del
Señor,
la cual él ganó por su propia sangre” (Hechos 20:28)
Reservados Todos los Derechos
Por
The
Free Methodist Publishing House
Todas las citas de la Biblia vienen
de la versión Reina-Valera, edición de 1960. Usadas con permiso.
Impreso en los Estados Unidos de
América
Copyright, 2004
by
Free Methodist Publishing House
Junta de Editores
Obispo
Joseph F. James (presidente), Obispo Richard D. Snyder, Byron Forbes, Helen
Kaufmann, William Smout, Barbara Fox (secretaria)
Traductor
de la edición hispana: J. Rodrigo Lozano M.
Coordinador
del proyecto edición hispana: David Roller
Aproximadamente cada cuatro años, la
Iglesia Metodista Libre de Norte América se reúne en un cuerpo deliberativo
llamado Conferencia General. Es un tiempo durante el cual los Metodistas Libres
se unen en adoración y celebración, escuchan el mensaje de la palabra de Dios,
oran a Dios pidiendo Su dirección, discuten los temas, votan sobre las
propuestas, establecen rumbos nuevos, renuevan sus amistades y se gozan en
confraternidad juntos.
Delegados ministeriales y laicos de
las conferencias anuales, localizados a través de
Norte América y en muchas partes del mundo, junto con los obispos, se reúnen
para renovar su misión, cuidar de los negocios de la denominación y examinar el
Libro de Disciplina. Representantes de las instituciones y ministerios de la
iglesia, así como ejecutivos de la denominación y su personal, dan sus informes
y contribuyen en los negocios con sus ideas.
El Libro de Disciplina del 2003 se distingue porque refleja la
creatividad y esfuerzos del equipo de trabajo de reformas al Libro de Disciplina (Byron Forbes,
presidente; Bárbara Fox, Glenn Teal, Matt Thomas, y el obispo Richard Snyder)
quienes recibieron el encargo de preparar un Libro de Disciplina reformado para ser considerado por la Junta
Administrativa, y recomendado a la Conferencia General. Nuestro reconocimiento
especial para Bill Smout por su trabajo infatigable en la organización de este
proyecto, a fin de que los cambios propuestos pudieran ser identificados
fácilmente.
El Libro de Disciplina incluye la constitución común de la Iglesia
Metodista Libre en todo el mundo. Es una mezcla de historia, raíces y misión
contemporánea. Es el manual eclesiástico y de organización de la iglesia.
Representa el corazón y la visión del pueblo Metodista Libre que sirve
fielmente al llamado de nuestro Señor Jesucristo.
Es nuestra oración que este Libro de Disciplina sea un recurso útil
para dirigir a la iglesia en un ministerio efectivo bajo la dirección del
Espíritu Santo mientras vivimos y servimos juntos a nuestro Maestro en las
comunidades de nuestro mundo.
Atentamente:
Los Editores
Contenido
Libro de Disciplina 2003
Párrafo Página
Introducción
Propósito y Carácter de la Iglesia Metodista Libre
El
Concepto Bíblico de la Iglesia 9
Perspectiva
y Herencia Histórica 10
Las
Necesidades de las Personas 14
Principios
Distintivos 14
Capítulo 1
Metodista Libre
Preámbulo 100 17
Artículos de Religión 101-131 17
Membresía 150-160 29
Capítulo 2
La Constitución
(continuación)
Organización General 200-204 33
Reglas Restrictivas y Métodos de
Enmienda de los Principios del Metodismo Libre225-228 34
Interrelación de las
Conferencias Generales 250-252 35
Constitución de la Conferencia Mundial 253 38
Capítulo 3
La Meta del Peregrinaje Cristiano 3000-3010 ??
El Camino de la Salvación 3100-3170 ??
Carácter Cristiano Genuino 3200-3250 ??
La Vida Cristiana en el Mundo Moderno 3300-3470 ??
Recursos para las Iglesias 3500 ??
Capítulo 4
Conferencia General, Iglesia Metodista
Libre de Norte América 4000-4070 ??
Obispos 4100-4200 ??
Junta Administrativa 4300-4320 ??
Finanzas y Pensiones 4350-4380 ??
Comunicaciones Metodistas Libres 4400-4410 ??
Misiones Mundiales Metodistas Libres 4500-4580 ??
Fundación Metodista Libre 4600 ??
Capellanes 4700 ??
Asociación de Ministerios de Servicios Humanos4750 ??
Instituciones Educativas 4800-4860 ??
Organizaciones Auxiliares 4900-4910 ??
Capítulo 5
Conferencias Anuales
Preámbulo 5000 ??
Organización 5010-5080 ??
Oficiales 5100-5110 ??
Juntas y Comités Permanentes 5200-5270 ??8
El Ministerio Ordenado 5300-5350 ??
Órdenes de Presbítero 5400-5470 ??
Transferencia y Término de la Membresía 5500-5520 ??
Casos de Asignación Especiales 5600-5660 ??
Diáconos y Presbíteros
Localizados 5700 ??
Evaluación de la Efectividad en el Ministerio 5800 ??
Capítulo 6
La Iglesia Local
Preámbulo 6000 ??
Misión y Visión 6010 ??
Características de la
Iglesia Viviente 6020-6070 ??
Membresía 6100-6140 ??
Administración de la Iglesia Local 6200-6250 ??
Juntas y Comités Permanentes 6300-6340 ??
Propiedades y Finanzas 6400-6450 ??
Candidatos Ministeriales
Locales 6500 ??
Diáconos 6600-6610 ??
Asistentes Pastorales 6700-6730 ??
Formación de Nuevas Iglesias 6800-6850 ??
Capítulo 7
Disciplina Eclesiástica
Preámbulo 7000 ??
Disciplina y Restauración de un
Miembro
Laico 7300-7330 ??
Procesos Eclesiásticos 7400-7450 ??
Citatorio de la Iglesia o Conferencia Anual
Para
Exhibición de Causa 7500 ??
Insolvencias y Arreglo de
Contiendas 7600 ??
Capítulo 8
El Ritual
Bautismo 8000-8050 ??
Santa Comunión
El Sacramento de la Cena del Señor 8100-8120 ??
La
Solemnización del Matrimonio 8200-8210 ??
El Entierro de los Muertos 8300-8310 ??
Ordenación de Presbíteros 8400 ??
Consagración de Diáconos 8500 ??
Dedicación de Templos 8600 ??
Membresía Ministerial 8700-8720 ??
Miembros Laico 8800-8830 ??
Capítulo 9
Apéndices
Artículos de Incorporación
de la Iglesia
Metodista Libre de Norte América 9000 275
Reglas Internas de la Iglesia Metodista
Libre de Norte América 9100 280
Índice 289
Introducción
La Iglesia Metodista Libre se
comprende mejor dentro del marco del concepto bíblico de la iglesia, la perspectiva
que nos da su herencia histórica, y su dedicación a las necesidades del hombre.
El Concepto Bíblico de la Iglesia
Por medio de las Escrituras sabemos que la iglesia es de Dios y para el pueblo. Es su creación. Cristo es la cabeza. La iglesia es el pueblo de Dios, escogido para asociarse con el propósito de cumplir la voluntad de Dios en la tierra. Hay más de ochenta metáforas y cuadros hablados en el Nuevo Testamento que se relacionan con la iglesia. Cada una de estas imágenes nos presenta una realidad más profunda que la metáfora misma nos trae a la mente. Todos los retratos juntos aclaran la naturaleza de la misión de la iglesia. Pablo habla de la iglesia como un “cuerpo”, “edificio” y “novia”. La metáfora más inclusiva y posiblemente la más significativa es “el cuerpo de Cristo”. Define a los redimidos como “miembros del cuerpo”.
¿Cuál es la profunda verdad que comunican estos cuadros? Dios – Padre, Hijo, y Espíritu Santo, lleva a un pueblo redimido hacia el compañerismo para compartir sus actividades y llevar a cabo sus propósitos. La iglesia es el instrumento orgánico, corporal, que Dios ha escogido para rehacer al hombre y a la sociedad. Tiene una misión de santo amor. La iglesia existe para producir una semejanza de Cristo en los hombres y sus instituciones. Así, nuestra misión puede describirse como una participación con Dios en traer santidad y amor sobre los pecados, cargas y necesidades de los hombres. Esta descripción de nuestra misión es tanto individual como social. Señala en dirección de una relación social del hombre hacia Dios y hacia los demás. Esta relación se describe en la Escritura como “el reino de Dios.”
Las metáforas del Nuevo Testamento reciben mayor énfasis por el retrato más grande de todos – La Encarnación, Dios hecho carne. La iglesia, iluminada por la encarnación, continúa la enseñanza y ministerio de su Señor en la tierra.
Cuando la iglesia actúa bajo la dirección de su Señor y la inspiración del Espíritu Santo, continúa la historia comenzada en el libro de los Hechos. Son muchos los logros que ha obtenido desde el primer siglo, y muchos más todavía pueden ser alcanzados en el drama que aún no termina de los actos del Espíritu Santo por medio de los hombres redimidos.
El Nuevo Testamento nos hace recordar que la iglesia visible no es la iglesia ideal, pues la iglesia es una sociedad divino-humana, que participa no solamente en el amor divino de su fundador, sino también de los defectos de su calidad humana, siempre está en necesidad de renovación. Dios corre el mismo riesgo con la iglesia en la redención como lo hizo cuando concedió a los hombres libertad en la creación. Del mismo modo que Dios, el Espíritu Santo usó las manos del Apóstol Pablo en “milagros especiales,” así él puede usar a su iglesia en el día de hoy. Los resultados serán los mismos – la Palabra del Señor crecerá poderosamente y saldrá así vencedora (Hechos 19:11 y 20).
Perspectiva y Herencia Histórica
Los Metodistas Libres consideran a la historia de la iglesia en el libro de los Hechos de los Apóstoles y las otras escrituras del Nuevo Testamento como su principal herencia. Generación tras generación recibe de este registro su fuente más importante de dirección y renovación. Los seguidores de Dios han luchado con asuntos antiguos y nuevos a través de los siglos tal como lo hacen en el día de hoy. La historia entera de la iglesia es una fuente de instrucción para nosotros.
Los Metodistas Libres afirman poseer una línea de ascendencia evangélica que se describe a grandes rasgos como sigue: Ellos dibujan su herencia espiritual a través de hombres y mujeres de profunda piedad personal quienes, en todas las épocas, han mostrado que es posible mantener el brillo del fervor espiritual en medio del paganismo, la apostasía, y la corrupción de la iglesia establecida.
El linaje de la Iglesia Metodista Libre se inicia con el pueblo de Dios en el Antiguo y Nuevo Testamentos, e incluye influencias y contribuciones de la gran cantidad de movimientos de renovación en el cristianismo occidental. Wycliffe y los Moravos alemanes (de quienes Wesley aprendió el concepto de “el testimonio del Espíritu”); la Reforma del siglo XVI con sus muchos movimientos contra balanceados movimientos de renovación, entre los cuales se encuentran los movimientos no menos importantes correctivos Arminianos (los cuales enseñaron que la salvación de Cristo es para toda la humanidad sin ninguna limitación, pero que debe ser elegida libremente); la tradición Católica-Anglicana; la influencia Puritana Inglesa; la tradición Metodista; y el subsiguiente y vigoroso avivamiento de santidad del siglo diecinueve. Dios ha usado estos y otros movimientos a través de las edades para dar a conocer más claramente el invariable evangelio cristiano. En resumen, los Metodistas Libres se identifican con el curso de la historia de la iglesia cristiana manteniendo al mismo tiempo un énfasis evangélico distintivo y espiritual.
Las contribuciones de la historia de la iglesia pueden ser detalladas como sigue: La herencia de la Reforma es reflejada en su entrega a la Biblia como la suprema regla de fe y manera de vivir y a la salvación por gracia por medio de la fe.
La herencia Católica-Anglicana se refleja en su interés por el orden en la iglesia y el aprecio de la forma litúrgica. Su énfasis en la esencia de la fe permite su apertura hacia los diferentes conceptos en asuntos tales como en el modo del bautismo y del milenio.
La herencia Metodista se ve reflejada en los intereses teológicos, eclesiásticos y sociales, articulados por el reverendo Juan Wesley y sus asociados en el siglo dieciocho, y reafirmado a través del movimiento de santidad del siglo diecinueve.
Teológicamente, están comprometidos con la afirmación Arminiano-Wesleyana, del amor salvador de Dios en Cristo. Por medio de la gracia preveniente, Él procura atraer a cada individuo hacia Él, pero concede a cada uno la responsabilidad de aceptar o rechazar esa salvación. La salvación es una relación viva con Dios en Jesucristo, dándole al creyente una posición legal de justicia, y por tanto, afirmando la seguridad de todo aquel que continúa en comunión con Él. Junto con el énfasis arminiano en la oferta universal de salvación, Juan Wesley descubrió de nuevo el principio de seguridad por medio del testimonio del Espíritu Santo. Él declaró una confianza escritural en un Dios que puede limpiar de pecado los corazones de los creyentes, aquí y ahora, por fe, llenarlos con el Espíritu Santo, y capacitarlos para llevar a cabo su misión en el mundo. Juan Wesley escribió de él y de su hermano Carlos: “En 1729 dos jóvenes de Inglaterra, leyendo la Biblia, vieron que sin santidad no podían ser salvos, siguieron a la santidad e instaron a otros a hacer lo mismo. En 1737 ellos vieron, asimismo, que los hombres son justificados antes de ser santificados; pero aún así la santidad era su objetivo. Dios entonces les dio el encargo de levantar un pueblo santo.”
Eclesiásticamente, la herencia Metodista es continuada en la organización Metodista Libre. Existen líneas de responsabilidad que unen a los ministerios locales, distritales, conferenciales y denominacionales. Grupos pequeños de creyentes son responsables unos a otros por el crecimiento en la vida y el servicio cristiano. Los Metodistas Libres están interesados en la iglesia total, no solo en la congregación local. Ellos le dan un gran valor al liderazgo de obispos, superintendentes, pastores y líderes laicos que proporcionan consejo y dirección a la iglesia.
Nacido en una época cuando el gobierno representativo estaba siendo desarrollado por sociedades libres, los fundadores Metodistas Libres reafirmaron el principio bíblico del ministerio laico. Los Metodistas Libres reconocen y autorizan a personas no ordenadas para ministerios particulares. Ellos demandan una representación de laicos igual en número a la de ministros en los comités de la iglesia.
Socialmente, desde sus tiempos más antiguos, los Metodistas Libres mostraron una conciencia despierta, característica del primer movimiento wesleyano. Su decidida acción en contra de la institución de la esclavitud y la distinción de clases, inherente en el alquiler de asientos a los ricos demostró un espíritu de verdadero Metodismo. Aunque los asuntos cambian, la conciencia social sensitiva permanece, evidenciada por la continuación activa en los intereses sociales de la época.
Durante el siglo diecinueve, el movimiento de santidad, surge en el metodismo americano pero se extiende a otras naciones y denominaciones, demanda de los cristianos un nivel más profundo en su relación con Dios y un gran interés mayor por las necesidades de la humanidad doliente. Dentro de este contexto, el reverendo Benjamín Titus Roberts y otros ministros y laicos en la Conferencia de Genesee, de la Iglesia Metodista Episcopal, en el oeste de Nueva York, levantaron una protesta contra el liberalismo teológico, el compromiso no sano en asuntos sociales controvertidos y pérdida de fervor espiritual.
Entre 1858 y 1860 un número de estos líderes fueron excluidos de la Iglesia Metodista Episcopal bajo algunos cargos y alegatos. En realidad, el asunto principal era su proclamación de los principios básicos del Metodismo, especialmente la doctrina y experiencia de la entera santificación. Sus apelaciones hechas a la Conferencia General en mayo de 1860 fueron denegadas. Los que habían sido expulsados no podían unirse a otro cuerpo metodista, pues no había ninguno que coincidiera con ellos en los asuntos que habían sido la causa de la expulsión. Por lo tanto, la Iglesia Metodista Libre fue organizada por una convención de miembros laicos y ministeriales, los cuales se reunieron en Pekin, condado de Niágara, en el estado de Nueva York, el 23 de agosto de 1860. La primera conferencia General se reunió el segundo miércoles de octubre de 1862 en St. Charles, Illinois.
La Iglesia Metodista Libre, desde sus inicios, continúa extendiéndose alrededor del mundo por medio del esfuerzo misionero, el desarrollo de conferencias generales adicionales y una organización mundial coordinada.
Las Necesidades de las Personas
Los Metodistas Libres están consagrados a la tarea de entender las necesidades más importantes de personas, instituciones, y de las culturas cambiantes, de modo que puedan servirles de una manera racional y redentora. En la oración altamente intercesora de Jesucristo, él encareció a los creyentes a vivir en este mundo activa e inteligentemente a fin de que el mundo pudiera ser guiado, tanto a “saber”, como a “creer”.
Los Metodistas Libres son conscientes de las fuerzas demoníacas en el mundo que degradan a las personas, pervierten lo bueno y conducen a las personas e instituciones a la ruina. Tratan de ayudar a los hombres restaurando el sentido personal en un tiempo del desarrollo de la despersonalización.
Los Metodistas Libres rechazan abiertamente cualquier cosa en la ley, personas o instituciones que viole la dignidad de las personas creadas a la imagen de Dios. Están comprometidos a aprovechar las oportunidades donde puedan servir como individuos, iglesias locales, conferencias, o denominación, siendo útiles en la sanidad y la redención para el mundo.
Principios Distintivos
Los Metodistas Libres tratan de expresar el concepto de la iglesia de Cristo, su perspectiva histórica y la necesidad de las personas en compromisos y principios específicos.
Los Metodistas Libres de nuestra época tratan de continuar la misión del cristianismo del primer siglo que fue recuperado por Juan Wesley y los primeros Metodistas que declararon que ellos existían “para levantar un pueblo santo.”
Los Metodistas Libres son una comunidad de cristianos que tratan fervientemente de querer llegar al cielo y se han consagrado a trabajar en el mundo para la salvación de todos los hombres. Ellos se entregan a Cristo y a su iglesia sobre todo lo demás. Se guardan libres de alianzas que podrían comprometer su más cara lealtad, y de todo aquello que pudiera constituir un obstáculo y comprometer la efectividad en su testimonio a la fe trinitaria, y la dependencia del hombre en la gracia de Dios. El cristiano se niega a sí mismo, toma su cruz diariamente, y sigue a Jesús. Él se somete en todo a la voluntad de Dios revelada en su palabra, y cree que las condiciones de salvación son las mismas ahora como lo fueron en los días de los apóstoles.
En doctrina, las creencias de los Metodistas Libres son las creencias básicas del protestantismo evangélico arminiano, con un énfasis especial en la enseñanza escritural de la entera santificación tal como fue sustentada por Juan Wesley.
En experiencia, los Metodistas Libres le dan énfasis a la realidad de una purificación interior, y un poder que da testimonio a la doctrina de la entera santificación, tanto en la conciencia interior del creyente como en su vida exterior.
Su forma de adoración se caracteriza por su sencillez y libertad de Espíritu, libre de las trabas de un ritual muy elaborado.
Los Metodistas Libres mantienen una vida de devoción diaria a Cristo que procede de la santidad interior y separa del mundo al cristiano, aunque éste viva en el mundo. Creen que la mejor forma de evitar que la mundanalidad invada a la iglesia es que la iglesia invada al mundo con un propósito de redención.
Ellos practican una consagración completa de todas las habilidades y posesiones al servicio de Dios y de la humanidad. Creen tan poderosamente en la misión de la Iglesia que se someten a una mayordomía responsable en las finanzas. Por lo tanto, no necesitan acudir a esfuerzos comerciales para apoyar la causa de Cristo.
Los Metodistas Libres reconocen que Dios otorga dones espirituales de liderazgo y servicio a hombres y mujeres. Dado que unos y otras son creados a imagen de Dios, esa imagen se refleja mayormente cuando hombres y mujeres laboran en armonía en todos los niveles de la iglesia. Por tanto, todos los puestos dentro de la iglesia son accesibles para cualquier persona a quien Dios haya llamado.
Los Metodistas Libres sienten una obligación especial de predicar el evangelio a los pobres. Las provisiones del evangelio son para todos. Las “buenas nuevas” deben ser proclamadas a todos los individuos de la raza humana. Dios envía la luz verdadera para iluminar y derretir a cada corazón. Jesús dio el ejemplo. Se dijo de su ministerio que “Los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres es predicado el evangelio.” Esta predicación a los pobres fue la prueba culminante de que Él era el que había de venir. A este respecto la iglesia debe seguir las huellas de Jesús.
Los Metodistas Libres se someten a los ideales del Nuevo Testamento de la sencillez y la modestia como un estilo de vida. Desean llamar la atención, no a ellos mismos, sino a su Señor.
Estos rasgos que distinguen a la Iglesia Metodista Libre desde su origen siguen siendo asuntos vitales. En cada época y en todas partes estos rasgos distintivos son el testimonio de la iglesia, y necesitan un énfasis claro y fuerte, a fin de que puedan ser oídos y observados en medio de las voces confusas y desorientadoras de este mundo.
Capítulo 1
Metodista Libre
Preámbulo
¶100 A
fin de poder preservar sabiamente, y pasar a la posteridad la herencia de
doctrina y principios de la vida cristiana transmitidos a nosotros como
evangélicos en la tradición Arminiano-Wesleyana, asegurar el orden en la
iglesia con principios sanos y normas eclesiásticas, y preparar el camino para
la evangelización del mundo y la cooperación más efectiva con otras ramas de la
iglesia de Cristo en el avance de su reino, nosotros, los ministros y miembros
laicos de la Iglesia Metodista Libre, de acuerdo con el procedimiento
constitucional, por la presente ordenamos, establecemos y aplicamos lo
siguiente como la Constitución de la Iglesia Metodista Libre.
La Santa Trinidad
El Hijo – Su Encarnación
¶103 Dios mismo se encarnó en la persona de Jesucristo para reconciliar a la humanidad con Dios. Concebido por el Espíritu Santo, nacido de la virgen María, él reunió en sí la deidad de Dios y la humanidad del ser humano. Jesús de Nazaret era Dios en carne humana, verdadero Dios y verdadero hombre. Él vino para salvarnos. Por causa nuestra el Hijo de Dios sufrió, fue crucificado, muerto y sepultado. Derramó su vida en sacrificio puro por nuestros pecados y transgresiones. Confesamos con gratitud que él es nuestro Salvador, el único mediador perfecto entre Dios y nosotros.
El Hijo – Su Resurrección y Exaltación
¶104 Jesucristo fue levantado victorioso de entre los muertos. Su cuerpo resucitado se hizo más glorioso sin el obstáculo de las ordinarias limitaciones humanas. Así ascendió al cielo. Allá está sentado a la diestra de Dios Padre como nuestro Señor ensalzado donde intercede por nosotros hasta que todos sus enemigos sean puestos bajo completa sujeción. Él volverá a juzgar a todas las personas. Toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, para la gloria de Dios el Padre.
El Espíritu Santo – Su Persona
¶105 El
Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad. Procediendo del Padre y
del Hijo, él es uno con ellos, la eterna Deidad, igual en divinidad, majestad y
poder. Él es Dios actuando en la creación, en la vida y en la iglesia. La
encarnación y ministerio de Jesucristo fueron consumados por el Espíritu Santo.
Él continua revelando, interpretando y glorificando al Hijo.
El Espíritu Santo – Su Obra en la Salvación
¶106 El Espíritu Santo es el administrador de la salvación planeada por el Padre y provista por la muerte, resurrección y ascensión del Hijo. Él es el agente activo en nuestra convicción, regeneración, santificación y glorificación. Él es la esencia misma del Señor, siempre presente con nosotros, morando en el creyente, asegurándolo y capacitándolo.
El Espíritu Santo - Su Relación con la Iglesia
¶107 El Espíritu Santo es derramado sobre la Iglesia por el Padre y el Hijo. Él es la vida y el poder testificador de la Iglesia. Él otorga el amor de Dios y hace real la soberanía de Jesucristo en el creyente de modo que sus dones de la palabra y del servicio alcancen el bien común y edifiquen a la Iglesia. En su relación con el mundo él es el Espíritu de verdad, y su instrumento es la palabra de Dios.
Autoridad
¶108 La Biblia es la Palabra escrita de Dios, inspirada únicamente por el Espíritu Santo. Da testimonio inequívoco de Jesucristo, la Palabra viva. Atestiguada por la iglesia primitiva y concilios posteriores, es el informe fidedigno de la revelación de Dios, completamente verdadera en todas sus afirmaciones. Ha sido fielmente preservada y demostrada su verdad en la experiencia humana.
Las Escrituras han venido a nosotros a través de autores humanos, que escribieron, movidos por Dios, en las lenguas y formas literarias de sus tiempos. Dios continúa hablando, por la iluminación del Espíritu Santo, por medio de esta palabra, a cada generación y cultura.
La Biblia tiene autoridad sobre toda la vida humana. Ella enseña la verdad acerca de Dios, su creación, su pueblo, su único Hijo y el destino de toda la humanidad. También enseña el camino de salvación y la vida de fe. Nada que no se encuentre en la Biblia ni pueda probarse por ella ha de ser requerido como artículo de fe ni como algo necesario para la salvación.
La Autoridad del Antiguo Testamento
¶109 El Antiguo Testamento no es contrario al Nuevo. Ambos Testamentos dan testimonio de la salvación de Dios en Cristo; ambos revelan la voluntad de Dios para su pueblo. Las leyes antiguas para los ritos y ceremonias, y los preceptos civiles para la nación de Israel no son necesariamente obligatorios para los cristianos de hoy. Pero por el ejemplo de Jesús estamos obligados a obedecer los mandamientos morales del Antiguo Testamento.
Los libros del Antiguo Testamento son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Reyes, 2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Ester, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantares de Salomón, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahum, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías y Malaquías.
El Nuevo Testamento
¶110 El Nuevo Testamento cumple e interpreta el Antiguo Testamento. Es el registro de la revelación de Dios en Jesucristo y el Espíritu Santo. Es la palabra final de Dios sobre la humanidad, su pecado, la salvación, el mundo y su destino.
Los libros del Nuevo Testamento son: Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Los Hechos de los Apóstoles, Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón, Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis.
Un Agente Moral Libre
¶111 Dios creó al ser humano a su propia imagen, inocente, moralmente libre y responsable para escoger entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Por el pecado de Adán, el ser humano, como heredero de Adán, está corrompido en su misma naturaleza, de modo que desde su nacimiento está inclinado al pecado. Él no es capaz por sus propias fuerzas y obras, de restaurar por sí mismo su correcta relación con Dios y merecer la salvación eterna. Dios el omnipotente, proporciona todos los medios de la Trinidad para hacer posible que el ser humano pueda responder a su gracia por fe en Jesucristo como Salvador y Señor. Por la gracia y ayuda de Dios la persona es capacitada para hacer buenas obras por su propia voluntad.
La Ley de la Vida y del Amor
¶112 La ley de Dios para la vida humana, personal y social, está expresada en dos mandamientos divinos: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y a tu prójimo como a ti mismo.” Estos mandamientos nos revelan lo que es mejor para la persona en su relación con Dios, con las demás personas y con la sociedad. Ellos establecen los principios del deber humano, tanto en la acción individual como en la social. Reconocen a Dios como el único soberano. Todas las personas, tal como fueron creadas por él y a imagen suya, tienen los mismos derechos inherentes sin importar el género, raza o color. Por lo tanto, todos le deben a Dios obediencia absoluta en sus acciones individuales, sociales y políticas. Deben luchar por lograr el respeto para todos, en su persona, sus derechos y su más grande felicidad en la posesión y ejercicio del derecho, dentro de los límites de la ley moral.
Las Buenas Obras
¶113 Las buenas obras son el fruto de la fe en Jesucristo, pero las obras no pueden salvarnos de nuestros pecados ni del juicio de Dios. Como expresiones de la fe y del amor cristiano, nuestras buenas obras, hechas con reverencia y humildad, son aceptables y agradables a Dios. Sin embargo, no se puede ganar la gracia de Dios por las buenas obras.
El Sacrificio de Cristo
¶114 Cristo ofreció de una vez y para siempre el único sacrificio perfecto por los pecados de todo el mundo. Ninguna otra satisfacción por el pecado es necesaria; ninguna otra puede redimir.
La Nueva Vida en Cristo
¶115 Una nueva vida y una correcta relación con Dios son hechas posibles por medio de los actos redentores de Dios en Cristo Jesús. Dios, por su Espíritu, actúa para impartir nueva vida y llevar a las personas a una relación con él, al arrepentirse y responder por fe a su gracia. La justificación, regeneración y adopción hablan significativamente de nuestra entrada y continuidad en la nueva vida.
La Justificación
¶ 116 La justificación es un término legal que pone énfasis en que por medio de una nueva relación en Jesucristo, las personas son de hecho contadas como justas, siendo liberadas de la culpa y del castigo por el pecado.
La Regeneración
¶ 117 La regeneración es un término biológico que ilustra que por una nueva relación en Cristo, uno tiene derecho, de hecho, a una vida nueva y una naturaleza espiritual nueva capaz de tener fe, amor y obediencia a Cristo como Señor. El creyente es nacido de nuevo y es una nueva creación. La vida anterior ya pasó; ha comenzado una nueva vida.
La Adopción
¶ 118 La adopción es un término filial lleno de calor, amor y aceptación. Denota que por una nueva relación en Cristo el creyente ha llegado a ser su hijo amado, librado del dominio del pecado y de Satanás. El creyente tiene el testimonio del Espíritu de que es un hijo de Dios.
La Entera Santificación
¶ 119 La entera santificación es aquella obra del Espíritu Santo, subsiguiente a la regeneración, por medio de la cual el creyente plenamente consagrado, ejercitando fe en la sangre expiatoria de Cristo, es limpiado instantáneamente de todo pecado interior y equipado para el servicio. La relación producida es afirmada por el testimonio del Espíritu Santo y conservada por medio de la fe y la obediencia. La entera santificación habilita al creyente para amar a Dios con todo su corazón, alma, fuerzas y mente, y a su prójimo como a sí mismo, y lo prepara para un mayor crecimiento en la gracia.
La Restauración
¶ 120 El cristiano puede ser mantenido en una creciente relación con Jesús como Salvador y Señor. Sin embargo, él puede contristar al Espíritu Santo en las relaciones de la vida sin volver al dominio del pecado. Cuando esto sucede, debe aceptar humildemente la corrección del Espíritu Santo, confiar en la intercesión de Jesús y enmendar sus errores.
Sin embargo, el cristiano puede pecar conscientemente y cortar su relación con Cristo. Aún así, por el arrepentimiento ante Dios, se garantiza el perdón y restauración de la comunión con Cristo, pues no todo pecado es el pecado contra el Espíritu Santo, o sea el pecado imperdonable. La gracia de Dios es suficiente para aquellos que verdaderamente se arrepientan, y, con su ayuda, enmienden sus vidas. Sin embargo, el perdón no le da al creyente libertad de pecar sin sufrir las consecuencias.
Dios ha dado responsabilidad y poder a la iglesia para restituir a un creyente penitente por medio de la reprensión amorosa, consejo y aceptación.
¶ 121 La iglesia es creada por Dios; ella es el pueblo de Dios. Cristo Jesús es su cabeza y su Señor; el Espíritu Santo es su vida y su poder. Es tanto divina como humana, celestial y terrenal, ideal e imperfecta. Es un organismo, no una institución estática. Existe para cumplir los propósitos de Dios en Cristo. Ella ministra a las personas con el amor del redentor. Cristo amó a su Iglesia y se dio a sí mismo por ella, así que debe ser santa y sin mancha. La Iglesia es una confraternidad de los redimidos y de los que ofrecen redención, predicando la palabra de Dios y administrando los sacramentos de acuerdo a las instrucciones de Cristo. La Iglesia Metodista Libre se propone ser representativa de lo que la Iglesia de Cristo debe ser en la tierra. Por tanto, requiere una entrega específica con respecto a la fe y la vida de sus miembros. En sus requisitos busca honrar a Cristo y obedecer la palabra escrita de Dios.
El Lenguaje de la Adoración
¶ 122 Según la palabra de Dios y la costumbre de la iglesia primitiva, la adoración pública, la oración y la administración de los sacramentos, deben efectuarse en un lenguaje entendido por el pueblo. La Reforma aplicó este principio para asegurar el uso del lenguaje común de la gente. Asimismo, es claro que el Apóstol Pablo pone el más fuerte énfasis en la manifestación racional e inteligible de la adoración. No podemos aceptar las prácticas que claramente violan estos principios escriturales.
Los Santos Sacramentos
¶ 123 El bautismo con agua y la cena del Señor son los sacramentos de la iglesia instituidos por Cristo. Ellos son medios de gracia por la fe, pruebas de nuestra profesión de fe cristiana, y signos del ministerio de gracia de Dios hacia nosotros. Por ellos, él obra dentro de nosotros para vivificar, fortalecer y confirmar nuestra fe.
El Bautismo
¶ 124 El bautismo con agua es un sacramento de la iglesia, instituido por nuestro Señor, significando la aceptación del beneficio de la redención de Jesucristo, para ser administrado a los creyentes, como una declaración de su fe en Jesucristo como salvador.
El bautismo es un símbolo del nuevo pacto de gracia como la circuncisión fue el símbolo del antiguo pacto, y como los infantes son reconocidos como incluidos en la expiación, ellos pueden ser bautizados mediante la petición de los padres o tutores que prometan darles la necesaria enseñanza cristiana. Se les requerirá confirmar el voto por sí mismos antes de ser aceptados como miembros de la iglesia.
La Cena del Señor
¶ 125 La cena del Señor es un sacramento de nuestra redención por la muerta de Cristo. Para aquellos que la reciben recta, dignamente y con fe, el pan que partimos es una participación del cuerpo de Cristo; e igualmente la copa de bendición es una participación de la sangre de Cristo. La cena es también una señal del amor y unidad que los cristianos tienen unos con otros.
Cristo, de acuerdo a su promesa, está realmente presente en el sacramento. Pero su cuerpo es dado, tomado y comido solamente de una manera celestial y espiritual. Ningún cambio es efectuado en los elementos; el pan y el vino no son literalmente el cuerpo y la sangre de Cristo. Tampoco están el cuerpo y la sangre de Cristo presentes literalmente con los elementos. Los elementos nunca deben considerarse como objetos de adoración. El cuerpo de Cristo es recibido y comido por fe.
El Reino de Dios
¶ 126 El reino de Dios es un mensaje prominente en la Biblia
proporcionando a la vez al cristiano su responsabilidad y esperanza. Jesús
anunció su presencia. El reino es considerado ahora como el reino de Dios
establecido en los corazones y vidas de los creyentes.
La Iglesia, por medio de sus oraciones, ejemplo y proclamación del
evangelio, es el instrumento apropiado, designado por Dios para la edificación
de su reino.
Pero el reino es también futuro y se relaciona con el retorno de Cristo
cuando el juicio caiga sobre las cosas presentes. Los enemigos de Cristo serán
dominados; el reino de Dios será establecido; ocurrirá una renovación cósmica
total, tanto material como moral; y la esperanza de los redimidos será una
realidad completa.
El Retorno de Cristo
¶ 127 El retorno de Cristo es seguro y puede ocurrir en cualquier momento, aunque no toca a nosotros saber la hora. A su regreso él cumplirá todas las profecías relacionadas con su triunfo final sobre el mal. La reacción del creyente debe ser de gloriosa expectación, vigilancia, preparación espiritual y diligencia.
La Resurrección
¶ 128 Habrá una resurrección corporal de los muertos, justos e injustos, los que han hecho bien a resurrección de vida; los que han hecho mal a resurrección de condenación. El cuerpo resucitado será un cuerpo espiritual mas la persona será entera y mantendrá su identidad. La resurrección de Cristo es la garantía de la resurrección para aquellos que están en él.
El Juicio
¶ 129 Dios ha designado un día en el cual juzgará al mundo con justicia de acuerdo con el evangelio y nuestros hechos en esta vida.
El Destino Eterno
¶ 130 Nuestro destino eterno es determinado por la gracia de Dios y nuestra respuesta, y no por un decreto arbitrario de Dios. El cielo de gloria eterna y la bienaventuranza de la presencia de Cristo esperan a los que confían en él y obedientemente siguen a Jesús como Señor y Salvador. Pero un infierno de sufrimiento eterno y separación de Dios esperan a los finalmente impenitentes.
¶ 131 Las doctrinas de la Iglesia Metodista Libre están basadas en las Santas Escrituras y derivadas de su contexto bíblico total. Las siguientes citas indican pasajes apropiados relacionados con los artículos indicados. Aparecen en su orden de sucesión y no pretenden ser exhaustivas.
Dios
La Santa Trinidad (véase ¶101)
Génesis 1:1-2; Éxodo 3:13-15; Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; Juan 1:1-3; 5:19-23; 8:58; 14:9-11;15:26; 16:13-15; 2 Corintios 13:14.
El Hijo – Su Encarnación (véase ¶103)
Mateo 1:21; 20:28; 26:27-28; Lucas 1:35; 19:10; Juan 1:1, 10,14; 2 Corintios 5:18-19; Filipenses 2:5-8; Hebreos 2:17; 9:14-15.
El Hijo – Su Resurrección y Exaltación (véase ¶104)
Mateo 25:31-32; Lucas 24:1-7, 39; Juan 20:19; Hechos 1:9-11; 2:24; Romanos 8:33-34; 2 Corintios 5:10; Filipenses 2:9-11; Hebreos 1:1-4.
El Espíritu Santo – Su Persona (véase ¶105)
Mateo 28:19; Juan 4:24; 14:16-17, 26; 15:26; 16:13-15.
El Espíritu Santo – Su Obra en la Salvación. (véase ¶106)
Juan 16:7-8; Hechos 15:8-9; Romanos 8:9, 14-16; 1 Corintios 3:16; 2 Corintios 3:17-18; Gálata